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Choripán con jalapeño y chimichurri Tex-Mex: El asado argentino mutó en los "food trucks" de Dallas

Horas antes de que rodara la pelota en el cruce mundialista entre Argentina y Austria, la verdadera fusión cultural ocurrió a nivel del suelo, entre el humo de las parrillas y las filas de miles de fanáticos sedientos de liturgia futbolera.

El olor a carbón y grasa caliente flotando en los gigantescos playones de estacionamiento del Dallas Stadium ya avisaba que algo distinto estaba pasando. Horas antes de que rodara la pelota en el cruce mundialista entre Argentina y Austria, la verdadera fusión cultural ocurrió a nivel del suelo, entre el humo de las parrillas y las filas de miles de fanáticos sedientos de liturgia futbolera.

En la capital mundial del Barbecue (barbacoa) y las carnes ahumadas de Texas, el clásico choripán de cancha argentino se enfrentó a su mayor desafío: sobrevivir a la adaptación local. El resultado fue una revolución gastronómica que conquistó tanto a los locales como a los sorprendidos turistas austríacos.

El "Chori" se viste de cowboy

Los tradicionales food trucks que habitualmente alimentan a los fanáticos del fútbol americano alteraron por completo sus menús para esta jornada. El clásico chorizo criollo, difícil de conseguir en su versión exacta en el sur de los Estados Unidos, encontró su versión "Tex-Mex" gracias al ingenio de los parrilleros locales y de la enorme comunidad latina residente en Dallas.

El pan francés o la clásica "flautita" mutó en un pan brioche ligeramente tostado con manteca. El chimichurri, sagrado e intocable en cualquier cancha argentina, tuvo que convivir en el mostrador con salsas barbacoa ahumadas con madera de nogal (hickory) y rodajas de jalapeño en vinagre. El "Choripán con jalapeño" nació así como el menú no oficial de un partido que desbordó los límites de lo deportivo.

El veredicto de los paladares: Del "está picante" al brindis austríaco

"Al principio los muchachos miraban con desconfianza cuando les ofrecíamos ponerle un toque de salsa picante o queso cheddar fundido al chori, pero después de la tercera cerveza el prejuicio se termina", comentaba entre risas un parrillero mexicano encargado de uno de los puestos más convocantes frente a la entrada principal del estadio.

La nota de color de la previa la dieron los propios hinchas austríacos. Acostumbrados a su tradicional Wiener Schnitzel (la milanesa local) o a las salchichas de Viena con mostaza dulce, se agolparon en los puestos intrigados por el ritual del asado sobre el asfalto. No era raro ver a fanáticos europeos vestidos con sus trajes típicos tiroleses devorando un choripán con las dos manos, intentando domar el picante de la frontera con un trago de cerveza fría.

Un clásico que no conoce fronteras

A cotización de dólar y en medio de un calor por momentos agobiante en el verano tejano, la cultura del potrero y la Costanera se mudó por unas horas al desierto. Mientras en las tribunas se dirimía el destino del grupo, en los estacionamientos quedó demostrado que el folclore del fútbol argentino es capaz de colonizar cualquier cultura, incluso si para lograrlo tiene que aceptar un poco de jalapeño en el asado.

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