Sin embargo, el ciclismo tiene imprevistos crueles y la fortuna le jugó una mala pasada. Apenas en el kilómetro 12, la negligencia e imprudencia de otro corredor provocó un fuerte choque que mandó a Colazo al suelo de manera violenta. El impacto no solo le hizo perder la punta de la carrera, sino que dejó su bicicleta con el manubrio totalmente torcido; una seria avería mecánica que habría dejado fuera de competencia a cualquiera.
Pero el orgullo y el coraje chamicalense pudieron más que la adversidad. Sin rendirse y con el amor propio intacto, Colazo se subió a su máquina dañada y firmó una persecución que tuvo tintes épicos. Apretando los dientes y arriesgando en cada tramo del circuito, logró remontar posiciones a un ritmo demoledor hasta cruzar la línea de meta en un heroico 4to puesto.
Aunque en el ambiente queda un sabor agridulce porque el ritmo demostraba que estaba para quedarse con el triunfo, ¡esta tremenda demostración de garra y corazón vale tanto como una copa!
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