El Monumento Nacional a la Bandera vuelve a reunir a los hinchas argentinos, aunque con una imagen muy distinta a la de las noches de festejo que marcaron el recorrido de la Selección en este Mundial.
Tras la derrota por 1 a 0 ante España en el alargue de la final disputada en Nueva York, el histórico sitial rosarino recibe a quienes deciden compartir el triste final del torneo, esta vez.
No hay, ni por asomo, la multitud que colmó el lugar después de los triunfos anteriores, especialmente tras la victoria frente a Inglaterra en semifinales. Aun así, cientos de personas llegan con camisetas, banderas y bombos. También hay bocinazos, aunque esta vez no expresan únicamente alegría: se mezclan con el silencio, los abrazos y las conversaciones de quienes todavía intentan asimilar una derrota que deja a Argentina a un paso de la cuarta estrella.
En la ciudad de Lionel Messi, el fútbol vuelve a marcar el pulso de las calles. El Monumento, escenario habitual de las grandes celebraciones deportivas y manifestaciones de toda índole, se transforma en el punto donde muchos eligen acompañar a la Selección incluso cuando el resultado no es el esperado. Porque si ganar convoca multitudes, perder también encuentra a quienes sienten la necesidad de estar.
Para algunos, un Mundial es un entretenimiento que altera la rutina durante unas semanas. Para otros, el recorrido de la Selección define el humor, condiciona el ánimo y deja una huella difícil de explicar.
Ese contraste también se percibe en Rosario, donde conviven el reconocimiento por la campaña realizada y el dolor de haber quedado tan cerca de otra consagración.
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