Cultura

La casa donde vivió Joaquín V. González en Huaco se cae en el abandono y expone una deuda con el patrimonio cultural riojano

En el marco del aniversario del natalicio de Joaquín V. González, Nueva Rioja recorrió Huaco, el escenario que marcó la infancia y la sensibilidad literaria del pensador riojano. Allí, en ese paisaje de cerros, silencio y memoria profunda, todavía se mantiene en pie la casa que perteneció a sus abuelos, donde pasó temporadas decisivas de su niñez.

Lo que debería ser un espacio de preservación activa y orgullo provincial hoy ofrece una imagen preocupante. La vivienda evidencia un deterioro estructural severo: techos colapsados, vigas expuestas, muros de adobe agrietados y sectores derrumbados. Las aberturas carecen de protección, algunas columnas permanecen sostenidas de manera precaria y la vegetación avanza sobre el interior del inmueble. El paso del tiempo y la falta de mantenimiento resultan evidentes en cada rincón.

No se trata de una construcción más dentro del entramado rural de Huaco. En ese entorno se forjó parte de la mirada intelectual que luego González plasmaría en obras fundamentales como “La tradición nacional” y “Mis montañas”. Tal como reconstruyó la periodista Sara González para el Suplemento 1591 Cultura + Espectáculos, donde describe a Huaco como “altar donde nació la estirpe literaria” del autor, ese territorio no fue solo un paisaje en su biografía, sino una matriz simbólica en su pensamiento.
Desde allí emergió la sensibilidad de quien más tarde sería gobernador de La Rioja, ministro nacional y uno de los grandes constructores institucionales de la Argentina de fines del siglo XIX y comienzos del XX. La dimensión histórica de su figura contrasta con la fragilidad material del espacio que guarda parte de sus raíces.

La casa posee un valor patrimonial indiscutible por su significado histórico y cultural. Su estado actual no puede leerse únicamente como consecuencia del paso del tiempo, sino también como síntoma de una ausencia de políticas sostenidas de preservación. La memoria colectiva no se sostiene solo con homenajes o actos conmemorativos; requiere acciones concretas que protejan los sitios donde esa historia ocurrió.

En una provincia que reivindica con justicia la figura de Joaquín V. González en cada aniversario, el deterioro de este inmueble plantea una pregunta inevitable. ¿Cómo se explica que uno de los espacios vinculados a la infancia de una de las figuras más influyentes de la historia riojana se encuentre en estas condiciones?

La recuperación del lugar no solo implicaría una restauración edilicia. Representaría una decisión cultural y política de reafirmar identidad, proyectar memoria y consolidar un circuito histórico que podría articular educación, turismo y patrimonio. Cada día que pasa sin intervención agrava el deterioro y acerca el riesgo de una pérdida irreversible.

La visita realizada por este medio, en el contexto del aniversario de su natalicio, permitió constatar una realidad que interpela. El legado intelectual de Joaquín V. González permanece vigente en las instituciones y en el pensamiento nacional. La casa que guarda parte de su origen, en cambio, resiste como puede el abandono.
Preservar el patrimonio no es una opción secundaria. Es una responsabilidad histórica.

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