La Rioja atraviesa uno de los momentos más delicados en materia de abastecimiento de agua de las últimas décadas. Las reservas del dique Los Sauces —fuente clave para Capital y localidades cercanas— se encuentran en niveles históricamente bajos, mientras que los consumos diarios superan cualquier parámetro admisible: se estima un promedio de entre 700 y 800 litros por persona, cuando los estándares internacionales recomiendan un máximo de 140.
El presidente de Aguas Riojanas, Ing. Roberto Valle, advirtió que la situación obliga a sostener el esquema de provisión por turnos en la zona oeste de Capital, a reforzar perforaciones de alta sensibilidad y a encarar obras para evitar un deterioro mayor de la red. Paralelamente, remarcó que el uso doméstico y recreativo se volvió un factor crítico: “En Sanagasta hay más piletas que habitantes”, graficó.
El diagnóstico coincide con el análisis del ingeniero Esteban Miguel (INTA), consultado semanas atrás por este medio, quien atribuyó la crisis a un deterioro progresivo de las reservas subterráneas y a un desbalance estructural entre extracción e infiltración. Según explicó, la sequía 2011–2012 marcó un punto de quiebre y desde entonces el sistema opera con niveles decrecientes.
Para el especialista, las perforaciones existentes muestran agotamiento y complejidades técnicas para profundizar, con costos energéticos cada vez más altos. Alertó sobre pozos obsoletos, redes saturadas y consumos desproporcionados que superan los 24.000 litros diarios en domicilios con piletas sin sistemas de recirculación.
Ambos enfoques confluyen en un punto clave: el agua es un recurso en emergencia. Miguel recomendó tarifas disuasivas como herramienta de regulación, medición permanente de caudales, sectorización por áreas, límites estrictos de uso y educación masiva al consumidor. También planteó la posibilidad de inyección artificial de agua y tecnologías de infiltración asistida.
De cara al verano, Aguas Riojanas pidió extremar la conciencia social: priorizar usos esenciales, evitar riego extendido y reducir el llenado de piletas. La temporada cálida exige, más que nunca, acciones coordinadas del Estado y responsabilidad comunitaria.
Comentarios