El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) sumó una herramienta clave para la investigación: un espectrómetro de masas de alta resolución, un equipo de última generación que funciona como una especie de “escáner” de los alimentos.
Instalado en el Instituto de Tecnología de Alimentos del centro de investigación de Castelar, permitirá conocer en detalle qué sustancias están presentes en un producto y cómo se distribuyen.
Para entenderlo de forma simple, este equipo permite analizar los alimentos a nivel molecular.
Es decir, puede detectar desde restos de fitosanitarios hasta componentes naturales, incluso en cantidades muy pequeñas. Pero no solo identifica qué hay, sino también dónde está cada sustancia dentro del alimento, algo que hasta ahora no se podía hacer con este nivel de precisión en el país.
Una “radiografía” de los alimentos
Esta capacidad representa un salto importante para la ciencia aplicada al agro. Según explicó el investigador Diego Cristos, el equipo permite observar cómo se comportan distintas moléculas en la superficie de los alimentos. Esto ayuda a entender mejor procesos clave y a tomar decisiones más informadas en la producción.
Por ejemplo, se podrá saber cómo se distribuye un producto aplicado en un cultivo o cómo cambia la composición de un alimento durante su procesamiento. Esa información es fundamental para mejorar la calidad, optimizar prácticas y reducir riesgos.
El nuevo equipamiento combina distintas tecnologías que le permiten adaptarse a múltiples usos. Puede trabajar con diferentes tipos de muestras y detectar compuestos con una precisión mucho mayor a la disponible hasta ahora en Argentina. En términos prácticos, esto significa resultados más confiables y rápidos.
Más conocimiento para producir mejor
El impacto de esta incorporación no se queda solo en el laboratorio. La información que genera puede aplicarse directamente en el campo y en la industria. Con datos más precisos, los productores y las empresas pueden mejorar sus procesos, ajustar prácticas y aumentar la eficiencia.
Además, el equipo permitirá avanzar en estudios más complejos, como los que analizan el conjunto de compuestos presentes en un sistema productivo. Esto ayuda a entender cómo responden los alimentos o cultivos frente a distintos factores, como el clima, los insumos o los procesos industriales.
Otro punto clave es la calidad. En un mercado cada vez más exigente, contar con herramientas que permitan verificar y demostrar las características de los productos es fundamental. Este tipo de tecnología contribuye a garantizar estándares y a mejorar la competitividad de las cadenas agroindustriales.
También abre nuevas puertas en el plano internacional. Al contar con equipamiento comparable al de los principales centros de investigación del mundo, el INTA podrá participar en proyectos globales y generar datos que puedan ser utilizados en distintos países. Esto fortalece el posicionamiento científico de la Argentina.
A su vez, la posibilidad de generar información local es estratégica. Permite conocer con mayor precisión cómo funcionan los sistemas productivos en el país y desarrollar soluciones adaptadas a esas condiciones. En lugar de depender de datos externos, se construye conocimiento propio.
En definitiva, este nuevo equipo no solo mejora la capacidad de análisis, sino que se convierte en una herramienta para tomar mejores decisiones. Desde el laboratorio hasta el campo, la información que genera puede traducirse en mayor eficiencia, mejor calidad y más valor agregado.
Así, el avance del INTA muestra cómo la tecnología puede convertirse en un aliado clave para el agro. Entender mejor qué pasa dentro de los alimentos es, en definitiva, una forma de producir mejor.
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