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1591 Cultura + Espectáculos 7 DE JUNIO - DÍA DEL PERIODISTA

El periodismo que respira

En este 7 de Junio, me impulsa un ejercicio de memoria y conciencia sobre el periodismo responsable y ético. Hay una presión que los periodistas conocen bien y que pocas profesiones padecen con la misma intensidad, la presión del segundo. No del minuto. Del segundo.
Sara González Cañete

Por Sara González Cañete

En este 7 de Junio, me impulsa un ejercicio de memoria y conciencia sobre el periodismo responsable y ético. Hay una presión que los periodistas conocen bien y que pocas profesiones padecen con la misma intensidad, la presión del segundo. No del minuto. Del segundo. La noticia que llega, que quema, que exige ser publicada antes de que otro la publique, antes de que la realidad la corrija, antes incluso de que el propio redactor termine de entenderla. En algunos momentos resulta ser un padecimiento. Pero para comprender mejor, voy a segmentar. La presión tiene nombre moderno, inmediatez. Pero su efecto más silencioso y peligroso es otro. Se llama superficialidad. Y en tiempos donde la ansiedad social es el clima permanente, donde cada titular genera una reacción antes de que se lea el segundo párrafo, donde la información viaja más rápido que la comprensión. Detenerse a pensar el oficio no es un lujo filosófico. Yo diría que es casi una obligación gremial.

La velocidad es una trampa.

Existe una paradoja en el periodismo contemporáneo que merece ser expuesta, nunca hubo tanta información disponible y nunca fue tan difícil estar bien informado. Las plataformas digitales multiplicaron los canales. Las redes sociales convirtieron a cada ciudadano en potencial emisor. Los algoritmos decidieron, sin que nadie se los pidiera formalmente, qué merece ser visto y qué muere en el silencio. Y en ese ecosistema acelerado, los periodistas enfrentan una tentación constante, publicar primero y verificar después. O peor aún, publicar primero y no verificar nunca.

El problema no es tecnológico ni la tan incluida IA. Estas son herramientas y como tal no tienen ética propia. Observo que el problema es cultural. Es la instalación progresiva de una lógica donde el valor de la noticia se mide en clics y en velocidad de publicación, no en la profundidad con que fue investigada ni en el impacto real que tiene sobre la vida de las personas que la reciben.

Existe de forma latente, una irresponsabilidad al brindar información que forme opiniones. Una noticia publicada a las 14.03 que está mal es más dañina que una publicada a las 15.30 que está bien. Eso que parece obvio escrito así, en la práctica cotidiana de la rapidez periodística, se olvida con una facilidad que debería preocuparnos. Los periodistas más viejos del oficio —los que aprendieron con papel y con tinta, con el cierre a las once de la noche y el teléfono fijo como única línea de fuente— hablan de algo que hoy suena casi romántico, la noticia con cuerpo. Me ha tocado trabajar con estos gigantes del periodismo. Una nota periodística con cuerpo no es necesariamente larga. Es completa. Tiene contexto. Tiene fuentes identificables y responsables. Tiene la voz de quien fue afectado y también la de quien debe responder. Tiene el dato que ubica al lector en el tiempo y espacio. Tiene, sobre todo, la honestidad de reconocer lo que no se sabe todavía.

Esa arquitectura —que parece simple y que en realidad demanda horas de trabajo invisible— es lo que distingue al periodismo del rumor. Es lo que le da al lector una herramienta para pensar, en lugar de darle simplemente una emoción para consumir. Aunque parezca irónico, las personas necesitan más emociones continuas, que la profundidad del análisis que requiere una información.

Porque ahí está la diferencia esencial, el periodismo que informa construye ciudadanía. El periodismo que solo impacta construye dependencia emocional. Y en tiempos de ansiedad colectiva, alimentar esa dependencia no es inocente. Es, en el mejor de los casos, irresponsable. En el peor, una forma de daño. Con objetividad, puedo decir que la Ética con Mayúsculas está olvidada. La palabra ética suena solemne. Suena a código de conducta enmarcado en la pared de una facultad. Suena a discurso de acto de colación. Pero la ética periodística, en la práctica real del oficio, no vive en los marcos ni en los discursos. Vive en decisiones pequeñas y cotidianas que nadie aplaude porque nadie las ve.

Vive en el periodista que decide no publicar el nombre de una víctima menor de edad aunque ese nombre ya circula en WhatsApp. Vive en quien llama a la segunda fuente aunque sea tarde y el texto ya estaba casi listo. Vive en quien escribe “no pudo ser confirmado al cierre de esta edición” en lugar de inventar una certeza que todavía no existe. Vive en quien reconoce un error y lo corrige con la misma visibilidad con que lo publicó, sin minimizarlo, sin enterrarlo en un rincón del sitio web donde nadie lo encuentre.

Esas decisiones no generan métricas. No producen viralidad. Muchas veces ni siquiera producen reconocimiento interno. Pero son las que sostienen lo único que el periodismo tiene que no puede reponer una vez perdido, la credibilidad. Y la credibilidad, en este oficio, no es un activo de marketing. Es la razón de ser. Sin ella, el periodismo es ruido con firma. Quisiera dar un recorrido por nuestra profesión. En esto me resulta imposible no resaltar, “El Pensamiento Crítico como Herramienta de Trabajo”.

Hay una confusión que conviene despejar, el pensamiento crítico no es sinónimo de escepticismo permanente ni de actitud adversarial con las fuentes. No es desconfiar de todo por principio. Es, más precisamente, la capacidad de hacer las preguntas correctas en el orden correcto.

Estoy convencida, por ejemplos y ejercicio del oficio… que buen periodista no es el que sabe todo. Es el que sabe qué no sabe y no lo disimula. Es el que tiene la formación suficiente para entender lo que cubre y la humildad suficiente para reconocer cuándo necesita a alguien que lo ayude a entenderlo mejor.

La elocuencia —esa capacidad de decir con precisión y con fuerza lo que se quiere decir— no es un adorno literario en este oficio. Es una responsabilidad. Las palabras que un periodista elige no son neutras. Disturbios y represión no describen lo mismo aunque ocurran en el mismo lugar. Fallecido y asesinado no son intercambiables. Fuentes confiables y se comenta no tienen el mismo peso. Quien maneja el lenguaje con imprecisión no solo escribe mal. Está construyendo una realidad distorsionada para quien lee. Ante todo, el periodismo es una Profesión que sigue Importando e impactando. En el Día del Periodista, es legítimo hacer una pregunta incómoda: ¿sigue importando el periodismo? La respuesta, después de todo lo dicho, debería ser evidente. Pero no está de más decirla.

Sí. Importa. Quizás más que nunca, precisamente porque el ecosistema informativo está más saturado y más contaminado que en cualquier otro momento de la historia reciente. Porque la desinformación no es un problema menor ni una molestia pasajera, es una amenaza real a la capacidad de las sociedades de tomar decisiones colectivas informadas. Y frente a eso, el periodismo bien hecho —el que verifica, el que contextualiza, el que nombra a sus fuentes, el que se corrige cuando se equivoca, el que elige la verdad incómoda sobre el titular cómodo— sigue siendo uno de los pocos anticuerpos disponibles.

No es un oficio glamoroso en su cotidianidad. Tiene horas imposibles y salarios que en muchos casos no están a la altura de la responsabilidad que implica. Tiene presiones editoriales, presiones políticas, presiones de mercado. Tiene el cansancio acumulado de sostener estándares en un entorno que cada vez recompensa menos sostenerlos.

Y sin embargo!!! Sin embargo todavía estamos los periodistas que elegimos , cada día, ir a buscar la historia que no se publicó sola. Que llaman a la puerta que nadie llama. Que se sientan frente a la pantalla en blanco y escriben con la conciencia de que del otro lado hay alguien que va a leerlos y que merece la verdad contada con integridad. Para esos periodistas, para los que entendemos que informar bien no es una opción dentro del oficio.

Ese es el oficio.

“El periodismo consiste en decirle a alguien algo que alguien, en algún lugar, no quiere que se sepa. Todo lo demás son relaciones públicas”. (George Orwell)

Un brindis por los que todavía sostenemos este hermoso discipulado.

DÍA DEL PERIODISTA PERIODISMO
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