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1591 Cultura + Espectáculos EL PERIODISMO BAJO LA LUPA

María José Sánchez: “Cuando callan las voces críticas, el silencio favorece al poder”

"Hoy ejercer el periodismo en la Argentina significa, quizás más que nunca, sostener una convicción, sostenerte frente a un micrófono para resguardar a sectores con oportunidades de realización de su proyecto de vida muy escueto".

María José Sánchez construye una de las reflexiones más sensibles y emotivas de este especial sobre el Día del Periodista. Desde su experiencia en radio y medios de comunicación riojanos, plantea una mirada profundamente humana sobre el oficio, atravesada por la exposición permanente, el desgaste emocional y la necesidad de sostener la honestidad y el compromiso social en tiempos de polarización y agresividad pública. En sus respuestas aparece con fuerza la defensa del periodismo como herramienta democrática y como espacio de protección para los sectores más vulnerables. También pone el foco en la violencia simbólica y digital que atraviesan hoy quienes ejercen la profesión, especialmente en redes sociales, donde -sostiene- muchas veces ya no se discute lo que un periodista dice, sino que se intenta destruir quién es. Aun así, reivindica el valor de seguir preguntando, investigando y contando historias, incluso en contextos donde informar implica exponerse al desgaste personal y emocional.

¿QUÉ SIGNIFICA HOY EJERCER EL PERIODISMO EN LA ARGENTINA, EN UN CONTEXTO DE FUERTE CONFRONTACIÓN ENTRE EL PODER POLÍTICO Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN?

Para mí, hoy ejercer el periodismo en la Argentina significa, quizás más que nunca, sostener una convicción, sostenerte frente a un micrófono para resguardar a sectores con oportunidades de realización de su proyecto de vida muy escueto. Significa seguir haciendo preguntas aun cuando incomoden, buscar la verdad en medio del ruido y defender el derecho de la sociedad a estar informada, incluso en contextos de fuerte tensión y confrontación. Hoy es un acto de valentía, es estar expuesto a un deterioro personal por el hecho de “defender” a ciudadanos de mayor vulnerabilidad a través de tu informar o tu análisis. En la actualidad, se desacredita sistemáticamente al periodista, se instala el agravio, la estigmatización o el ataque como forma de respuesta frente a la crítica, y con ello no solo se lastima a una profesión: se debilita una parte esencial de la democracia y hasta el lado más sensible como personas. En tiempos de confrontación, ejercer el periodismo también significa resistir la polarización, no renunciar al rigor y recordar que la verdad no debería tener dueño ni color político. Porque cuando callan las voces críticas, el silencio nunca favorece a la gente: favorece al poder.

¿CREÉS QUE EN LOS ÚLTIMOS AÑOS SE DETERIORÓ LA RELACIÓN ENTRE LA DIRIGENCIA POLÍTICA Y EL PERIODISMO? ¿CÓMO IMPACTA ESO EN EL TRABAJO COTIDIANO? ¿CONSIDERÁS QUE SE VE AFECTADA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN?

¡Uff! Realmente creo que sí. Que la relación entre gran parte de la dirigencia política y el periodismo se ha deteriorado, pero quizás la pregunta más incómoda a esto es: ¿por qué nos acostumbramos a verlo como algo normal? Una democracia sana necesita tensión entre poder y prensa; lo preocupante no es el desacuerdo, sino cuando el vínculo se transforma en hostilidad, descalificación o intento de silenciamiento. El impacto en el trabajo cotidiano es profundo, porque el periodista empieza a trabajar en un clima donde informar puede convertirse en un costo personal. Y cuando el miedo, la presión o el señalamiento aparecen, algo se altera: ya no solo se pone en juego el ejercicio del periodismo, sino también la calidad de la información que recibe la sociedad. La libertad de expresión no siempre se vulnera solamente cuando alguien es censurado de manera explícita. A veces se erosiona de formas más silenciosas: cuando se desacredita sistemáticamente al que pregunta, cuando se instala que el pensamiento crítico es una amenaza o cuando la agresión reemplaza al debate. Y acá hay algo que debería hacernos pensar a todos, más allá de las ideologías: el problema nunca empieza cuando atacan a un periodista que pensamos distinto. El verdadero problema es cuando dejamos de alarmarnos porque creemos que “se lo merece”. Porque cuando una sociedad naturaliza el ataque a quien pregunta, tarde o temprano deja de haber preguntas incómodas. Y un país sin preguntas es un país donde el poder habla demasiado… y la ciudadanía escucha demasiado poco.

¿CUÁL ES HOY EL PRINCIPAL DESAFÍO DEL PERIODISMO RIOJANO: SOSTENER LA INDEPENDENCIA, ADAPTARSE A LAS NUEVAS PLATAFORMAS O SOBREVIVIR ECONÓMICAMENTE?

Quizás el mayor desafío del periodismo riojano hoy no sea elegir entre independencia, adaptación o supervivencia económica, sino lograr sostener las tres al mismo tiempo sin perder el alma del oficio. Pero sin duda un periodismo que no puede sostenerse económicamente queda vulnerable. Condenados a vivir en ese permanente tire y afloje con la sociedad para demostrar “cuánto cobrás”, o el enjuiciamiento diario de “qué tan bien hacés tu trabajo para ganar plata para dedicarte a esto”. La famosa palabra “ensobrado” nos puso en un ring de pelea con la sociedad para que dejen de vernos como uno de ellos, con deudas, con dolores, con cargas, con sentires. Por otro lado, uno que no se adapta a las nuevas plataformas corre el riesgo de volverse invisible; pero uno que pierde su independencia deja de ser periodismo para convertirse en eco del poder. En una provincia donde muchas veces las estructuras políticas, económicas y mediáticas se cruzan, el verdadero desafío parece ser ejercer un periodismo que siga preguntando, incomodando y representando a la gente, incluso cuando eso tiene costos. La pregunta de fondo quizá no sea cómo sobrevive el periodismo riojano, sino qué está dispuesto a resignar para sobrevivir y qué jamás debería negociar.

LAS REDES SOCIALES CAMBIARON LA VELOCIDAD DE LA INFORMACIÓN, PERO TAMBIÉN LA AGRESIVIDAD DEL DEBATE PÚBLICO. ¿CÓMO CONVIVE HOY EL PERIODISTA CON LA EXPOSICIÓN Y EL ATAQUE PERMANENTE?

Hay una escena silenciosa que pocas veces se cuenta del periodismo de hoy. La de un periodista apagando el micrófono, cerrando el celular después de cientos de insultos, respirando hondo y entrando igual a su casa como si nada hubiera pasado. Saludando a sus hijos, abrazando a su familia, intentando cenar sin mostrar que por dentro algo duele. Mirá, yo siempre me caractericé por ser aguerrida. Es muy difícil que en este cuerpo entren balas, pero desde que soy madre y tengo pérdidas irreparables de mis bebés hay algunas cosas que destrozan y no lo hacen tan fuerte a uno. Las redes cambiaron algo muy profundo: ya no solo se discute lo que decís, muchas veces intentan destruir quién sos. Ya no alcanza con cuestionar una nota; ahora se señala, se humilla, se expone, se amenaza. Y uno se pregunta cuánto puede resistir un ser humano cuando todos los días lo convierten en enemigo por hacer preguntas. Lo más triste es que mucha gente olvida que detrás de una voz en la radio, de una cara en una pantalla o de una firma en una nota, hay alguien de carne y hueso. Alguien que también llora en silencio. Que también siente miedo. Que también se quiebra cuando ve a su familia sufrir por ataques que nunca eligió. Y aun así, al otro día vuelve. Vuelve aunque le tiemble el alma. Vuelve aunque tenga miedo de lo que van a escribir, de cómo lo van a insultar, de quién va a señalarlo otra vez. Vuelve porque entiende algo enorme: cuando un periodista se calla por miedo, hay una parte de la verdad que también se calla. Tal vez el mayor dolor del periodismo hoy sea tener que aprender a resistir la crueldad sin volverse cruel. Seguir creyendo en las preguntas en un tiempo que parece premiar el silencio. Y seguir poniendo el cuerpo, aun en esas noches difíciles antes de dormir. Quizás el drama más grande de esta época sea que nos estamos acostumbrando a ver periodistas llorar en silencio, mientras la sociedad deja de preguntarse quién gana cuando el miedo empieza a callarlos.

¿SENTÍS QUE LA SOCIEDAD SIGUE CONFIANDO EN EL PERIODISMO? SI NO ES ASÍ, ¿QUÉ DEBERÍA HACER LA PROFESIÓN PARA RECUPERAR CREDIBILIDAD?

La sociedad no dejó de necesitar al periodismo, pero sí dejó de confiar ciegamente en él. Y quizás eso también sea una señal de época. Hoy la gente duda de todo: de la política, de la justicia, de las instituciones y el periodismo no quedó afuera de esa herida colectiva. Hubo errores, claro. Hubo momentos donde parte del periodismo pareció más cerca del poder, del negocio o de la urgencia por ganar una primicia que de la gente. Y cuando la confianza se rompe, no alcanza con pedirla de vuelta: hay que reconstruirla. Pero también hay algo injusto en este tiempo: muchas veces se mete a todos en la misma bolsa. Y en el medio quedan periodistas honestos, que investigan, que verifican, que se equivocan y corrigen, que trabajan con salarios bajos, bajo presión y aun así siguen creyendo que informar vale la pena. ¿Cómo se recupera la credibilidad? Quizás volviendo a algo muy simple y muy difícil a la vez: escuchar más, gritar menos. Investigar antes de opinar. Admitir errores sin soberbia. Explicar cómo se trabaja una noticia. Y, sobre todo, recordar que el periodismo no está para agradar, sino para acercarse lo más posible a la verdad, aunque incomode. Porque la credibilidad no se exige, se gana. Y se gana todos los días, nota por nota, pregunta por pregunta, incluso en tiempos donde decir la verdad parece costar demasiado.

EN TIEMPOS DONDE CUALQUIERA PUEDE COMUNICAR DESDE UN CELULAR, ¿QUÉ DIFERENCIA AL PERIODISMO PROFESIONAL DEL RESTO DE LOS DISCURSOS?

Un celular puede convertir a cualquiera en emisor, pero no automáticamente en periodista. La diferencia del periodismo profesional no es la tecnología: es la responsabilidad. El periodismo duda, chequea, corrige, investiga y firma lo que dice. No trabaja solo con opiniones ni con emociones del momento. Su tarea es separar el dato del rumor, la evidencia de la especulación y la información de la propaganda. En una época donde todos pueden hablar, quizás el verdadero valor del periodismo sea ayudar a distinguir entre el ruido y la verdad. Porque informar no es solo contar algo: es hacerse responsable de las consecuencias de contarlo. El valor del periodismo ya no sea llegar primero, sino llegar mejor.

¿QUÉ REFLEXIÓN TE GENERA ESTE NUEVO DÍA DEL PERIODISTA? ¿HAY ALGO PARA CELEBRAR O ES UN MOMENTO MÁS DE RESISTENCIA Y DEFENSA DEL OFICIO?

Este nuevo Día del Periodista me deja una reflexión incómoda: quizás estamos atravesando uno de los momentos más difíciles y más decisivos para este oficio. Porque no solo está en crisis un trabajo; está en crisis la idea misma de verdad, de diálogo y de convivencia social. Antes el periodismo luchaba por llegar a la noticia. Hoy muchas veces lucha por sobrevivir al odio, a la desinformación y a la deshumanización. Se cuestiona todo, se sospecha de todos, se castiga la pregunta incómoda y se confunde al periodista con aquello que investiga o denuncia. Y, sin embargo, aun así, hay personas que siguen levantándose cada mañana con la obstinada convicción de contar lo que pasa. Y eso me parece profundamente admirable. Porque ser periodista hoy es aceptar una contradicción dolorosa: trabajar para una sociedad que no siempre te cree, defender el derecho a la información incluso de quienes te insultan y seguir preguntando aun sabiendo que muchas respuestas pueden traerte problemas, soledad o ataques. Hay algo casi silenciosamente heroico en eso. Algo que pocas veces se reconoce. ¿Hay algo para celebrar? Sí. Pero no con un festejo vacío ni una foto sonriente. Se celebra la dignidad de quienes no se rindieron. De quienes, aun con miedo, con desgaste emocional, con precarización y con el peso de sentirse permanentemente observados o cuestionados, no eligieron el camino cómodo del silencio. Porque el periodismo verdadero nunca fue un oficio para agradar. Fue, y sigue siendo, el acto profundamente humano de mirar una injusticia y negarse a pasar de largo. Fue animarse a hacer la pregunta que incomoda cuando todos callan. Fue estar donde duele, escuchar a quien nadie escucha y contar aquello que algunos preferirían ocultar. Tal vez este Día del Periodista no sea un tiempo de celebración ingenua. Tal vez sea un día para honrar algo mucho más grande: la valentía de quienes siguen creyendo, aun en medio del ruido y del desprecio, que una sociedad sin periodismo libre empieza lentamente a quedarse sin memoria, sin preguntas y finalmente, sin libertad. Y quizá la reflexión más dolorosa de todas sea esta: el día que un periodista tenga miedo de preguntar, no habrá perdido solo un periodista; habrá perdido una parte de su voz toda la sociedad.

¿POR QUÉ SEGUÍS HACIENDO PERIODISMO?

¡Uy, qué pregunta! Sigo haciendo periodismo porque, a pesar de todo, todavía creo profundamente en el valor de una historia contada con honestidad. Porque alguna vez entendí que detrás de cada noticia hay personas reales: alguien que espera ser escuchado, una injusticia que necesita luz o una verdad que merece no quedar enterrada. Hubo momentos de cansancio, de desilusión, de sentir que no vale la pena. Momentos donde el ruido, los ataques o la indiferencia hacen doler este oficio. Pero después aparece alguien que te dice: “Gracias por contar lo que nos pasaba cuando nadie nos escuchaba”, y uno recuerda por qué empezó. Sigo haciendo periodismo porque todavía me conmueve la idea de que una pregunta pueda cambiar algo. Porque creo que callarse frente a ciertas cosas sería traicionarse un poco a uno mismo. Y porque, aunque a veces duela, todavía siento que este oficio tiene algo profundamente humano: darle voz a quien no siempre la tiene. Quizás sigo haciendo periodismo por una razón muy simple y muy profunda a la vez: porque todavía no aprendí a mirar el dolor, la injusticia o el silencio y hacer de cuenta que no pasa nada. Abandonar ciertas preguntas sería, de alguna manera, abandonarse también a uno mismo. Y simplemente sigo haciendo periodismo porque este trabajo me mantiene viva. A mí me salvó mi trabajo.

María José Sánchez es periodista y conductora, con trayectoria en radio, TV y medios de comunicación vinculados a la actualidad política y social de la Provincia. Reconocida por un estilo frontal y de fuerte compromiso con las problemáticas sociales.

DÍA DEL PERIODISTA PERIODISMO 7 DE JUNIO
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