Un mundo que se esconde para no sentir entre el plástico instaurado y el ardid de asfixiar emociones. Confundidos no sabemos ¿qué dirección tomar o a dónde ir?, hemos llegado al máximo defasaje entre lo que podíamos pretender y una estructura que se cerró a los sentidos.
El bochorno allá arriba, obscenidad de millones, miradas gélidas, cambios de parejas como ropa interior, fiestas filmadas como escenas cinematográficas sin un buen guión.
Todo se presenta como la gran puesta o apuesta en escena de un casino en decadencia. Antes con un propósito de maquinaria de control, hoy como una manía sin control -vaya paradoja-.
Solían decir que las contingencias rescataban lo predecible, y el amor y algunas otras bagatelas encajaban en ese acto no premeditado llamado “contingencia”, en ese interregno libre para que la energía cree su magia, haga de las suyas.
De hecho las cinco líneas de un pentagrama con sus cuatro espacios le permiten a la música escribirse creando tonos y alturas, es en esa libertad de redacción que se producen acordes que luego se convierten en armonías y melodías que fluctúan en un ritmo propio.
La contingencia baila, se mueve, se viste entre esas figuras redondas, negras y blancas. Sin esas opciones la rigidez no permitiría recrear emociones. Rigidez que hoy suena como una lata que no llega a su propósito a pesar de la insistencia del vendedor.
Reina la indiferencia en este nuevo Imperio.
Las estructuras se achican y esa movilidad social, cultural, del amor, el conocimiento y la prosperidad no logran traspasar las barreras cercadas por la decisión de unos pocos. Lo deliberado se hace carne en los resignados.
Los soñadores dejaron de tener tantos caminos como ideas.
Impostores y soñadores conviven con una guitarra afinada y un piano desafinado.
Se confunden los falsos soñadores despersonalizados que saben solo de números, junto a los verdaderos cuyo combustible parece ir agotándose demasiado rápido ante una pared indefectiblemente construida para no seguir progresando en la corrientes que supimos tener como libertad.
Estimo que volvemos al viejo lugar de resistencia, pero esta vez sin la idea de lo humano como salida a un nuevo río —puesto que están todos digitalizados y alquilados desde un satélite en un cielo usurpado por la enfermedad-.
Debajo del puente en el río
Hay un mundo de gente
Abajo, en el río, en el puente
Y arriba del puente, las cosas pendientes
La gente que pasa, que mira y no siente
Tomates, lechugas y pan del mercado
Te quiero, te odio, me tienes cansado
Y arriba del puente las cosas de siempre
No quiero mirarte, no quiero quererte
Café con azúcar, quiniela y olvido
Quién sabe del mundo debajo del río
Debajo del puente en el río
Hay un mundo de gente
Abajo, en el río, en el puente
Debajo del puente en el río
Hay un mundo de gente
Abajo, en el río, en el puente
Y arriba del puente la calle, el colegio
Los niños, los gritos, te vas sin un beso
Tu amor y el atasco, me agobia la prisa
Los días que pasan, la mierda que pisas
Y arriba del puente las ocho con frío
Lo tuyo es lo tuyo, lo mío es lo mío
Carteles y bolsos, tirones y olvido
Cualquiera te vende un billete hasta el río
Debajo del puente, en el río
Hay un mundo de gente
Abajo, en el río, en el puente
Y arriba en el puente, están los de arriba
Están los de abajo, que es menos que arriba
Y luego está el puente, que es menos que abajo
Yo pienso en mi casa, mi amor, mi trabajo
(Pablo Guerra- Debajo del puente)
En las calles de París de décadas atrás pasaba un auto en una esquina y esa contingencia lograba un encuentro con una bella mujer u hombre que caminaban por allí, los cafés del mundo solían ser un idilio para encender almas y conectar seres. Hoy lo espontáneo está vedado con un vidrio blindado –el de la desconfianza- el direccionamiento de que todo es peligroso, que no hay lugar a salvo, ni otro con la intención de ofrecer dinamitó la colmena que nos costó toda una era conquistar.
Los aromas de las azaleas luchan con lo transgénico para sobrevivir, las abejas en extinción se han convertido en las héroes del mundo con el milenario arte de su polinización, ese acto erótico que aún resiste.
Necesitamos reversionar un “ritornello” que se adapte a los nuevos paradigmas para acompasar un ropaje con más vehemencia y coraje. Un rondó con reglas propias.
¿Pero estamos dispuestos a trabajar en una vía de escape a lo preestablecido?
Felix Guattari en su libro Caosmosis nos dice que: la producción por la producción misma, la obsesión por índice de crecimiento, sea el mercado capitalista o en economías planificadas, conduce a absurdos monstruosos. La única finalidad aceptable de las actividades humanas es la producción de una subjetividad que autoenriquezca de manera continua su relación con el mundo.
Quizá la poesía hoy tiene más que enseñarnos que las ciencias económicas, las ciencias humanas y el psicoanálisis juntos.
Tenemos la potestad de acoger lo inhumano para diseñar con nuestra propia batuta nuevas figuras de verdades posibles con contenido corpóreo. Es nuestro deber devolvernos esas claves de sol que nos fueron quitadas.
Confucio consideraba la deferencia como base de toda ética, y la cortesía como indicativo de la fuerza moral de una nación, visible a través del respeto y la consideración mutua.
¿Qué hacemos entonces siendo desagradables y mezquinos con nuestro entorno?
LA AUTORA
MARÍA DEL PILAR CARABÚS. ABOGADA, ESCRITORA, COMUNICADORA, MBA “ESPECIALISTA EN DERECHO CONSTITUCIONAL Y DERECHOS HUMANOS” (MINORÍAS Y GRUPOS VULNERABLES) UNIVERSIDAD DE BOLONIA, ITALIA.