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Una geopolítica hambrienta de protagonismo

¿Qué dirían Pericles, Alejandro Magno, Martín Lutero, Tomás Moro o Francis Bacon sobre esta sociedad globalizada? Interesante traspolarnos en el tiempo y el espacio, porque fueron estos personajes revolucionarios-reformistas quienes desarrollaron ideas para hacer de este mundo un globo terráqueo más hospitalario, esa palabra que habla de: acoger con agrado, agasajar a quiénes recibimos en nuestra casa.
Fueron épocas donde la identidad de cada civilización era respetada, analizada, identificada con un pensamiento crítico, generando así voluntades concretas de mejoras. Edificar sobre las bases de cada cultura establecida fusionando nuevos desafíos con honestidad intelectual supo ser el leitmotiv de estos maravillosos y especiales personajes. Solía primar la capacidad de observación, el saber admirar aquellos pueblos milenarios.
Porque si de geopolítica se trata la estrategia no es solo la acumulación indiscriminada de territorio y capital, sino el buen uso de ese terreno en donde los ciudadanos se sientan parte de un ambiente propicio para crecer, hoy producir como parte de las reglas del capitalismo. Si el progreso es una llamada expansiva, nuestro planeta puede respirar mejor en parcelas con prosperidad y sin un malestar social que nos encierre. Pero si la riqueza queda solo en manos de una elite que representa el 1%, nuestra casa se deshace e implosiona por la falta de espacio. Vivir en un lugar inhóspito no le conviene a nadie, menos al capitalismo que necesita producción.
Claro está que Occidente ha perdido líderes con verdadera profundidad de planificación de conceptos colectivos sostenibles, abarcar sólo los propios intereses desde cualquier punto de vista es inviable, más en un mundo tan interconectado. Con consecuencias graves y severas el mundo está hoy en terapia intensiva. Carente de ejemplos inspiradores, altruistas, un sistema globalista digitado con diminutas intenciones mercantiles, hambriento de protagonismo deglutió todo lo que encontró. Lo más significativo es que lo hizo sin nombre y apellido, en las sombras. Sucede que planes tan cerrados y excluyentes perpetuados en el tiempo tarde o temprano conllevan la muerte del territorio saqueado. Como las abejas polinizan las flores, nosotros embriagamos la tierra de deseos y acciones enriquecedoras. Para generar energía la humanidad tiene que vibrar.
En un terreno donde deliberadamente se subdesarrollaron naciones, se atestaron instituciones destinadas a fines sociales con reales fines bélicos, los errores de ambición en un boomerang existencial lograron incluso potenciar la gran amenaza oriental –China– que sin tanto ímpetu jamás estaría en el lugar en el que se encuentra sino fuera por la falta de perspectiva. Ahogar al crisol de alumbramiento de nuestra cuna civilizatoria llamada Europa (principal fuente de cultura y prosperidad) fue matar nuestra alma superadora. Siglos de barbarie exterminada en muchos sitios, para dejar en dos décadas el mundo mercantil en manos del gigante Confuciano: capitalista para la producción, comunista para el control. Expuestos quedan los desmanejos de un Occidente enamorado de la destrucción, por sobre un Oriente, que en voz baja supo crecer sin violencia, simplemente a costa de la autodestructiva ambición globalista que los hizo parte del partido.
Ante una anarquía silenciosa de soberanías, los nacionalistas asoman un haz de cambio. La consigna dicen es rescatar los antiguos valores y la identidad de cada escenario desterritorializado de carácter, con un nuevo orden multipolar. Por supuesto que en las transiciones el caos reina. Vetustos efectos distractores sedientos de escenarios se observan en los medios, protagonizados por personajes del jet set de inteligencia y contrainteligencia que solo evidencian la realidad de lo que viene sucediendo. Por momentos da la sensación que las grandes corporaciones creen que nosotros como sociedad aún estamos interesados en el entretenimiento de los cuentos Bíblicos-apocalípticos. Lejos de ello solo buscamos la simpleza de ser en un pedazo de gramilla.
Cual dos caminos antagónicos a la vez que paralelos completamente definidos, los ciudadanos transitamos rutas diferentes a la del caos, el miedo y los despropósitos reinantes. Aprendimos ante tanta arrogancia a generar una constructiva intimidad con la complicidad de nuestros pequeños círculos, aprendiendo a repeler la contaminación externa con mayor o menor éxito . El lema –buenas intenciones.
Ante la pérdida de sentido y propósito del 99% de la galaxia por el exceso de un sistema vacío dirigido por actores sin legitimidad, no tenemos otra opción que cambiar el aire de una galaxia confundida por los trastornos narcisistas-psicopáticos de quienes diseñaron un plan siniestro de robo existencial de nuestra identidad.
Raymond Ledrut dice que la ciudad constituye una unidad humana y espacial en la que florece la vida en toda su intensidad. En efecto, la ciudad es una colectividad en la medida en que ejerce su “control” -en el sentido biológico del término- sobre los diversos movimientos que en ella se producen, en consecuencia sobre las conductas humanas que originan estos movimientos.
Cuando todo es manipulado y vaciado de contenido (incluso el conocimiento) los habitantes sin libertad real emocional e intelectual dejan de poder ejercer su rol. Las individualizadas corporaciones mueren ahogadas en sus propias ideologías y núcleos. En una biósfera que se expande, las virtudes son indispensables. Un átomo necesita ser estimulado para rellenar creativamente con alegría el vacío que lo constituye. Las emociones positivas son las que generan potencia por sobre todo. Las negativas impartidas compulsivamente por un sistema embrutecido de lazos colaboracionistas y conceptos profundos, solo nos llevan a un precipicio.
Toda industria en manos del mismo digitador termina empobrecida por la falta de pluralidad de conceptos, más si el mensaje que hay que dar es desproporcionadamente violento.
Francis Bacon uno de los protagonistas de esta columna, decía que el conocimiento es poder. Si un hombre comienza con certezas, terminará con dudas; pero si se contenta con comenzar con dudas, terminará con certezas. En su libro La Nueva Atlántida habla de una sociedad dedicada al conocimiento, al estudio, a las invenciones, a la ciencia y a la técnica (subvencionada, financiada con propósitos trascendentales). Propone una sociedad sin políticos, burócratas ni caudillos, en la que mandan los sabios, los científicos, los técnicos.
La posible utopía de tener al mando a líderes con políticas humanizadoras.
Siempre existen opciones alternativas para crecer, tal como lo hizo Martín Lutero con sus reformas protestantes ante el despotismo de la iglesia católica, convirtiendo ciertos aspectos radicales de la religión en un esfera más afín a una bienvenida. La suavidad es necesaria para una armonía planetaria. En esta pérdida absoluta de valores y sentido tenemos la obligación de acudir a los grandes pensadores como condición “sine qua non”, el gran Tomás Moro sentó en sus bases de la reforma a la dignidad humana como el epicentro necesario de alumbramiento, planteando la reducción de desigualdades sociales y materiales es decir la redistribución de la riqueza.
Moro es el autor del primer plan de movilidad sostenible de la modernidad, diseñando la reforma y reconstrucción de las instituciones a través de un proyectos político moderno que garantiza la riqueza material de la ciudadanía mediante la movilización armónica sostenible de toda las fuerzas productivas (técnicas, humanas, materiales e inmateriales).
ODS 16
Propone una ética que identifica la virtud con la alegría y disfrute de un mundo natural concebido como bueno, una religión pública y racional tolerante con cualquier tipo de creencia y basada en el concepto de “dignidad humana”. Una dignidad humana que el proyecto político moderno que afirma únicamente es posible garantizar plenamente mediante un desarrollo sostenible de todas las dimensiones infraestructurales, sociales y económicas que se busca potenciar en cada uno de ellos.
No existe sistema que se sostenga en una sola consigna que sólo genera desigualdad. Premiar si y solo si -solo el dinero y el poder- es dinamitar nuestro futuro como humanidad. El cuerpo siendo un ser que aloja emociones, deseos, sueños, necesita de incentivos epigenéticos para poder operar como una máquina deseante sana. El bienestar es la única semilla que permite germinar nuestro granero.
En momentos donde la democracia se ha convertido en una entelequia y el capitalismo se excedió en sus propios límites de voracidad indefinida, es necesario parar para dibujar un nuevo mapa conceptual con muchos miembros, que permitan reconstruir una nuevo epicentro. Ya no sostenido en la absoluta especulación, y en la más cínica falsedad de una riqueza -que en tanto obscena-dejó durante su recolección encerrado a un minúsculo grupo en su propia trampa. Sino en un nuevo plan de inclusión.
Es hora de “rever” también la tecnología, otro de los tantos negocios generados como arma del terror, la sumisión, el control, el vaciamiento intelectual, la pérdida de vínculos y la adicción. Que incluso es desarrollada para que el trabajo usualmente realizado por una corporación, quede en nuestras manos a modo estresor. Un contrasentido.
En la Grecia o Edad de Oro Ateniense de Pericles (época de mayor esplendor) son introducidas las figuras de sofistas que imparten entre sus enseñanzas el “pensamiento libre también llamado crítico” –estandarte principal de los pilares de la democracia. Estos profesores se encargaban de promover la educación pública fomentando la areté -virtud política de la excelencia-, centrando al ciudadano como un elemento imprescindible de la sociedad.
Areté
Palabra griega antigua que significa excelencia, virtud, máxima realización de la capacidad humana. La areté es el estado de calidad más alto que puede alcanzarse.
El concepto original de democracia: gobierno del pueblo, permitió el acceso a los ciudadanos al entramado social, estableciendo roles de integración. El relativismo de la época permitió el desarrollo de la filosofía, abriendo puertas hacia una diversidad de pensamiento que ponía en duda los patrones absolutos de conducta, la esclavitud, y una actitud antidogmática traducida en el libre albedrio.
Rescatar nuestro propósito es el gran desafío, ese colectivo que por tal nos acerca al individual, ese que nos permite una sinergia idiomática común.
No olvidemos que ni la armonía, ni la música, ni la prosperidad, ni la democracia, ni la alegría, ni el ritmo, ni la paz, ni la verdadera libertad o la virtud son tesoros del pasado.
LA AUTORA
MARÍA DEL PILAR CARABÚS. ABOGADA, ESCRITORA, COMUNICADORA, MBA “ESPECIALISTA EN DERECHO CONSTITUCIONAL Y DERECHOS HUMANOS” (MINORÍAS Y GRUPOS VULNERABLES) UNIVERSIDAD DE BOLONIA, ITALIA.

Autor: 103895|
LA MIRADA SOBRE EL MUNDO REFLEXION OPINION ANÁLISIS MARIA DEL PILAR CARABUS

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