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1591 Cultura + Espectáculos LA MIRADA SOBRE EL MUNDO

Producción social de carencia y necesidad: ¿Qué es la riqueza para las nuevas generaciones?

El siglo XX supo crear movimientos revolucionarios con la lucha de clases. Como estandarte la dialéctica relucía aún más que las estrellas, era el método de lucha que retroalimentada una dignidad inspiradora.
María del Pilar Carabús

Por María del Pilar Carabús

“Aquí la vista es libre y el espíritu se eleva”. Pero hay gente de muy otra especie que se encuentra también en la altura y cuya vista se despliega libremente…solo que es hacia abajo donde dirigen su miradas.

Con esta frase del “Fausto” de Johann. Wolfgang Goethe segunda parte del acto V. (1749-1832) es posible definir lo que ha estado sucediendo en el último siglo de la historia de la humanidad.

El siglo XX supo crear movimientos revolucionarios con la lucha de clases. Como estandarte la dialéctica relucía aún más que las estrellas, era el método de lucha que retroalimentada una dignidad inspiradora.

Con una revancha de visibilización para la clase obrera que alcanza su plenitud en los años 60, en 1968 llega el cognitariado que bien describe Franco Bifo Berardi en su obra “Generación Post-Alfa”. La irrupción del trabajador intelectual de masas le da lugar a una clase media que trabaja con el conocimiento como principal herramienta, el aporte sobrevive por un largo tiempo de creativas décadas donde cultivarse intelectualmente engrandecía personalidades.

Acercándonos a los años 70 en un cambio, la cultura moderna se va transformando en cultura postmoderna —irreductible a la ideología . Más tarde en los años 80 se origina la alianza de un movimiento deseante que crece entre un neoliberalismo económico y proclamado neoliberalismo social. Aparece el denominado signo de exigencia del individuo —ser productivo—, apareciendo así el concepto de hedonismo y el imperio de la felicidad.

Los años 90 se destacan por la introducción de la mujer mundo laboral y la difusión de información a través de la vía electrónica.

Lo más interesante es ver el recorrido imaginario de la construcción del deseo según pasan las generaciones.

Durante siglos se cultivó el eros de la represión guiado por la prohibición, atado por un diseño de géneros y roles, que empieza a ser desplazado en las nuevas generaciones por un eros narcisista económico como elemento de supervivencia. El avance es que el género ya no tiene la importancia arbitraria y especulativa que supo tener.

Las viejas generaciones performativas del parecer que se desarrollaron entre la carencia y la necesidad de la imposibilidad de ser —mutan. Se abandona el viejo “acting” desmedido por una especie de asexuado comportamiento. Las nuevas generaciones desplazan su eros hacia una autogestión laboral fragmentada, el patrón capitalista los obliga a realizar todo por sí mismos, la vida personal queda en segundo plano por un corrimiento obligado.

A modo de un programa de estudio universal: la prohibición se pulveriza por la pérdida de ideologías. La dialéctica es reducida a la de los algoritmos. Aparece un deliberado modelo sui generis que empieza su transición a partir de la reducción de su vocabulario: de 2000 palabras usadas por las viejas generaciones a 600 en la nuevas, cuya raíz es producto de las máquinas de las que aprenden y son rehenes forzados y no forzados.

Los significantes dejaron de ser el amor, los sentidos y el descubrimiento de la construcción de lo “prohibido” a través del cuerpo. Las máquinas fueron reemplazando la atención hasta estresar completamente la capacidad de nuestro sistema nervioso.

La muerte del tradicional alfabeto y la aparición de cápsulas estresoras produce un gran agotamiento, el cerebro en constante estimulación corre el foco de lo social para aislarse en lo individual.

Los sujetos son arrastrados con el nuevo espejo de construcción. La conciencia deja de ser conciencia y se ahoga en el nuevo sistema temporal económico de autogestión total.

El placer y la belleza pierden la entidad de un valor.

El modelo de poder que necesita sobrevivir desplaza su rol de esclavo arquetípico a la tecnología. Se suscita allí una especie de lucha silenciosa que enemista unos con otros en el plano social, el rechazo se ejerce de facto por la falta de energía. Esto da lugar a la formación de una especie de círculo comunitario resentido con fallidos roles y tareas, que ante la falta de una figura responsable de la masacre colapsa.

El poder se hace inasible, no está en ninguna parte, al mismo tiempo que está en todos lados.

La sobrecarga de atención colapsa nuestro sistema nervioso central. No hay forma ya de intentar relacionarnos afectivamente como solíamos hacerlo.

El desplazamiento unilateral de la libido ha sido corrido hacia la acumulación del capital —hoy acentuada por la precarización de un sistema que lejos de ser capitalista se ha convertido en un comunismo global tecnológico.

El tejido humano se deshilacha en una perversa economía de la atención, creada para que la poca energía mental que nos quede sea dirigida a la supervivencia puramente económica.

Sabiendo todo esto, la natural movilidad de gran parte de las nuevas generaciones (más allá de su obligado auto infligido narcisismo) va creando con su metamorfosis un grupo humano que entendiendo los parámetros de carencia y necesidad reconoce el hecho para empezar a sentirse satisfechos. Entendiendo que la existencia debe volver al origen de sentir que el solo hecho de estar vivos es causa inicial para empezar un nuevo camino de reconstrucción o construcción.

El apoyo psicosocial que supimos reforzar, debe ser rescatado para que las emociones no queden desconectadas de nuestra memoria y nuestro cuerpo. Los eventos están sobrepasando nuestras capacidades motoras, intelectuales y sensitivas. Seguir en este ritmo no es más que un suicidio emocional.

El tiempo es veloz, tu vida esencial

El cuerpo y mis manos me ayudan a estar contigo

Quizás nadie entienda

Vos me tratás como si fuera algo más que un ser

¿Te acuerdas de ayer?, era tan normal

La vida era la vida y el amar no era paz

Qué extraño

Ahora me siento diferente

Pienso que todavía quedan tantas cosas para dar

No ves que todo va

Todo creciendo hacia arriba

Y el sol siempre saldrá

Mientras que a alguien le queden ganas de amar

Perdóname, amor, por tanto hablar

Es que quiero ayudar al mundo cambiar

Qué loco

Si realmente se pudiera

Y todo el mundo se pusiera alguna vez a realizar

(Oscar David Lebón)

Somos los encargados de buscar un equilibrio por nuestra propia supervivencia como especie fuera de los márgenes coercitivos. La psicopatologización de las relaciones producto de la epidemia de déficit de atención y pánico deforman las modalidades secuenciales de la mente que nos permiten elaborar nuestro ámbito social.

La desconexión psicosexual y psicosocial con otro cuerpo emocional es lo que genera que el capital se focalice en su consumo. Es la trampa establecida del motor.

El trabajo como confirmación narcisista o la construcción de una familia no son ya respuestas absolutistas a un desarrollo de bienestar. Entrelazar una conjunción que funcione para nuestros sentidos, para nuestra emocionalidad y para nuestra economía es nuestra misión actual.

La invención literaria excesiva del amor como única opción nos entretuvo y la económica como único foco nos está matando. Un nuevo modelo debería ser la respuesta como punto de conexión entre las nuevas y las viejas generaciones.

Nuestro destino tiene que alejarse de la erotización absoluta de lo laboral y la deserotización de la vida cotidiana. Destinar más tiempo a acumular que a gozar se va convirtiendo en un crimen de lesa humanidad.

Volver a la singularidad es hacernos importantes, abandonar los mensajes viciados de las masas.

A las nuevas generaciones ya no les interesa la violencia de guerras, poderes o ideologías, y tampoco creen en el caos como conquista naturalizadora.

Esta mirada «más allá» que se avizora puede ser usada como un nuevo “Avant-garde” simbolizado por la fuerza de lo genuino, que ya parece estar encontrando un nuevo fluir alejado de la acumulación y la represión sin sentido. Los puntos de equilibrio se van acercando a un mismo amanecer. Necesitamos tiempo para volver a explorar las caricias de la vida.

LA AUTORA

MARÍA DEL PILAR CARABÚS. ABOGADA, ESCRITORA, COMUNICADORA, MBA “ESPECIALISTA EN DERECHO CONSTITUCIONAL Y DERECHOS HUMANOS” (MINORÍAS Y GRUPOS VULNERABLES) UNIVERSIDAD DE BOLONIA, ITALIA.

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