Por Alberto y Juan Carlos Murúa
En nuestro país, y a nivel internacional la “economía circular” va volviéndose cada vez más conocida, como un modelo de producción y consumo que lleva al crecimiento y al empleo sin comprometer el ambiente
Pero veamos, ¿de qué se trata realmente, la economía circular?. Si ves un montículo de residuos es basura, pero si se separan, reusan o reciclan , se convierten en recursos que pueden usarse como insumos de procesos productivos y eso implica darles un nuevo valor.
Sin embargo, en la Argentina los materiales plásticos son en un 72% quemados o enterrados. Es decir, tenemos una economía lineal: el modelo de producción consiste en extraer recursos, producir bienes y desecharlos, enterrando o quemando los desperdicios.
El ciclo de vida de los productos está programado para que sea corto, de manera que los consumidores usen, tiren y vuelvan a comprar nuevos productos. En general a esos contenedores de los llama plásticos de un solo uso.
El problema con esta forma de producción y consumo es que no es sostenible, ni para el ambiente, ni para la economía ni para el bienestar de las personas.
La economía circular, muy por el contrario, tiene a una lógica distinta: toma a la naturaleza como ejemplo y la naturaleza no genera desperdicios. En ella, todo lo generado se vuelve a usar y cumple una función.
Además, se prioriza el uso de materiales biodegradables.
Cuando es necesario el uso de otro tipo de materiales no biodegradables, se busca que ese desperdicio inevitable, se use como materia prima para generar otros productos. Ya no se trata de usar y tirar. SIno de reducir, reutilizar y reciclar.
En la economía circular se busca desde la mismísima etapa de diseño de los productos que tengan un ciclo de vida más largo, tratando de aprovechar su valor por más tiempo. Asimismo, este enfoque permite ofrecer soluciones a problemas mundiales como el cambio climático, la perdida de la biodiversidad y la contaminación.
Pero no solo allí resalta su importancia sino que según el Banco Mundial y el Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME), la contaminación atmosférica le cuesta USD 225 mil millones a la economía mundial. Para el caso de la Argentina, el Banco Mundial también ha estimado que la degradación ambiental le cuesta a la Argentina un 8,11% de su PBI.
Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en 1970 el 63% de la población se concentraba en áreas rurales. Actualmente, el 55 % de las personas en el mundo vive en ciudades.
Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en América Latina la concentración es aún mayor. Un 81% de la población habita en ciudades. Y por supuesto que nuestro país no es la excepción: un 92% de la población argentina se concentra en centros urbanos. De acuerdo al INDEC, en AMBA se concentra el 37% de la población del país. Es decir, los residuos y su transformación se encuentran concentrados en determinadas áreas, por lo que resultará fundamental comenzar la transición hacia una economía circular como modelo.
Es momento que la Argentina se abra al debate, comience a generar conciencia y así ubicar a nuestra nación como líder de economía circular ya que la incorporación de este modelo es el que nos sacará de la postración.
*Secretario General y Secretario Gremial de la Unión Obreros y Empleados Plásticos (UOYEP)
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